martes, 1 de septiembre de 2015

Me asaltaron en plena clase de inglés: Inclub by INGLESCO


"Buenas tardes, vinimos a asaltarlos. No queremos matarlos ni secuestrarlos, por eso van a tener que cooperar para que nuestro operativo salga bien", dijo el hombre dientón —cuya camisa estaba a punto de dar un botonazo debido a su abultada panza—, que entró al salón justo a la mitad de la clase de inglés.

Hace unas semanas me ofrecieron un trabajo como colaboradora de la ONU. Me iré a África y uno de los requisitos es que tengo que llegar con un inglés pasado de lanza, o sea que esas confusiones que a veces tengo cuando digo el pasado en futuro y el futuro en presente no son aceptables. Tampoco puedo darme el lujo de hablar con esa pronunciación onda Salma Hayek que luego me cargo. En fin, el punto es que me tengo que lucir si quiero seguir viajando por el mundo con estos cuates. Por eso decidí meterme a clases de inglés a unas cuadras de mi casa.

La escuela está en Benjamin Franklin, esa línea fronteriza entre la Condesa y la Escandón, en la delegación Cuauhtémoc, del Distrito Federal. Se llama Inclub by INGLESCOEl dueño de la escuela, un tipo de León Guanajuato como mi rey new rich, en un arranque de creatividad, decidió que los salones de clases serían temáticos. Hay uno que se llama Rockstar y tiene guitarras, cassettes y micrófonos pegados en la pared. Otro se llama New York y, como podrán imaginar, tiene a la Estatua de la Libertad en distintas versiones. El salón Tíbet, dizque el más zen, tiene cuadros con budas, sillones a nivel de piso y el pizarrón tiene un marco de piedritas de río, de esas que usan los que creen en el feng shui.

El jueves 6 de agosto tuve clase a las 4:30 de la tarde en el Tíbet. Sólo éramos cuatro alumnos: Una chica que me cae gorda porque trabaja para Peña Nieto y lo ama (siempre nos peleamos en inglés por asuntos de política), un nerd que habla como ruco de 70 años y se sabe todas las reglas gramaticales, y que además siempre me ve con cara de asombro porque un día hablé de hongos alucinógenos en la clase y se le hizo “muy loco”; y otro tipo que en mi vida había visto: 18 años, muy nalgón, de esos hombres que tienen como cadera de mujer, lleno de barritos de puberto y con una revista sobre videojuegos en la mano. Cuando vi el cuadrito completo pensé irónicamente: “uta, hoy se va a poner bueno”. Y madres, sí que se puso.

"Hoy vamos a jugar Jeopardy para practicar vocabulario", dijo nuestro maestro —originario de Jersey— en un intento de hacer una dinámica distinta. Hizo dos equipos. A mí me tocó con el puberto adicto a los videojuegos y al nerd y a la Peña Nieta en otro.

Soy la mujer menos competitiva del mundo cuando se trata de juegos escolares. Me vale perder. En cambio, parecía que la vida de mi compañero de equipo dependía de la victoria. Es el típico teto que reclama puntos y reglas del juego. Lo estaba odiando, sobre todo cuando sacó su revista de videojuegos, rompió el empaque de plástico, la olió y dijo: “Amo este olor, vivo por los videojuegos”. Además, no le bastó con lucirse con la fregada revista, se atrevió a nombrar a nuestro equipo Los Illuminati, wtf.

Justo cuando estábamos jugando, entró un hombre dientón vestido como oficinista: camisa amarilla de rayas, pantalones caqui y zapatos de pico. Muy parecido a Nelson Muntz de los Simpsons…

El líder hizo pública su intención de asaltarnos —por supuesto, sin secuestrarnos o matarnos—, aclaró.  Yo no pude hacer más que mirarlo de los pies a la cabeza pensando: "¿Será cierto o no?". Nadie se espera que suceda algo así en plena clase y de día.
Su mano, justo a la altura del cinturón, sostenía una pistola medio descarapelada  que se veía bastante vieja, aunque real. En cuanto vi el arma entendí que realmente sí estaba sucediendo, no era mi imaginación. Mi compañero de equipo reaccionó diciendo: “Es broma obvio”. A lo que el asaltante respondió con un cachazo en la cabeza que le abrió una herida considerable: “qué broma ni qué nada pendejo”. La sangre saltó.

Mientras el puberto adicto a los videojuegos sangraba de la cabeza (cual Carrie en la escena del prom) las demás personas del salón empezaron a esconder sus cosas, yo los caché. En vez de pensar en su seguridad, su primera reacción fue proteger sus celulares. Es irónico cómo funciona nuestra escala de valores bajo estas circunstancias.

El maestro se pegó al pizarrón y le dijo al asaltante “tranquilo, tranquilo, te vamos a dar todo”, mientras escondía su mochila debajo de la mesa. La niña Peña Nieto comenzó a llorar, el ratero le quitó sus dos celulares, el personal y el de la oficina; en cuestión de segundos tenía el rimel corrido por toda la cara. Se veía muy dramática. El nerd me echó una mirada de complicidad como diciendo “estamos juntos en esto”.

Durante esos minutos el asaltante comenzó a enfurecer porque no estaba recibiendo lo esperado. Así que le pidió su celular a mi compañero de equipo aunque se estaba desangrando. El pobre puberto estaba tan asustado y tan lleno de sangre que era incapaz de reaccionar. Sólo temblaba como maraca y veía su sangre correr. De hecho tenía el celular en la mano, pero era tan fuerte el estado de shock en el que estaba que no podía darlo. Ante esta situación decidí sacar mi celular de la bolsa y dárselo al asaltante para tranquilizarlo. No quería que mi vida corriera ni el más mínimo riesgo.

A punta de pistola y después de agarrar algunas cosas de valor, el hombre panzón nos llevó al salon New York: “camínenle, camínenle, métanse a este salón con todos; cuidadito y hacen una pendejada. Uno de sus compañeros ya se está desangrando, así que más vale que nos dejen apurarnos o se les va a morir aquí mismo”. La escena era fuerte: señoras, chavitos y personal de la escuela se encontraban tirados en el piso amenazados de rodillas. Éramos unos veinte máximo. La administradora pegaba de gritos: “Mi laptop, mi laptop, ¡me costó 14 mil pesos, por favor no me la quiten!”. Era la que estaba reaccionando más loca. Sin más, me tiré al piso como todos, me hice bolita y me cubrí la cabeza por si se armaba una balacera. Hasta ése momento comencé a pensar lo peligrosa que era la situación. No me había caído el veinte: mi vida dependía de la reacción de otros veinte desconocidos que no sabía si alguno podía tener complejo de superhéroe o algo por el estilo. Los asaltantes hablaban entre ellos, eran tres; se decían "perro" de cariño. Su objetivo principal era la caja de pagos de la escuela. Pero lo que no sabían los muy pendejos es que ése día no era día de pago. Así que siguieron buscando salón por salón a ver qué más se encontraban.

Los salones tienen una pared de cancel de aluminio con vidrio. Lo que nos permitía, --aunque encerrados--, ver todo lo que sucedía afuera. No dejaron a nadie vigilándonos. Todas las víctimas comenzaron a conspirar y a decir estupideces: “Puta madre, mi celular nuevo”, “llamen a la policía, yo echo aguas”, “voy a salir, no permitiré que se lleven mi laptop”, “memoricen bien las caras de estos tipos” y hasta uno que otro Padre nuestro se escuchaba por ahí. Nadie se preocupó por el adolescente sangrando o porque no se armara una balacera entre policías y asaltantes. A mi me tenía aterrada que llamaran a la policía. Donde uno de los asaltantes entrara y cachara al güey que estaba hablando algo muy grave podría suceder. Pero no les importó y enviaron mensajes de texto pidiendo auxilio a un número que existe para reportar emergencias sin necesidad de hacer una llamada.

En este momento de mi vida ando en mi fase muy chamánica post ayahuasca, así que me dije a mi misma: “Vete a otro lugar, tu espíritu no está aquí, no permitas que te roben tu paz”. Cerré los ojos, repetí un mantra y me fui de ahí mentalmente en lo que algo sucedía. Por supuesto nadie se atrevía a salir y no estábamos seguros si la puerta estaba cerrada con llave.

Después de media hora aproximadamente de incertidumbre comenzamos a oír unos radios, pensamos que ya habían llegado más asaltantes. Pero no, era la policía entrando a la institución. Hubieran visto la escena que vi a través de las puertas de vidrio del salón: dos policías de no más de 1.60, gorditos, con trajes azul percudido, pistola en mano, caminando con cautela, haciéndole a la mamada protegiéndose de muro en muro, como si realmente supieran lo que estaban haciendo, dizque para dar con los delincuentes. Obviamente los rateros ya se habían ido.

Los policías nos abrieron la puerta y preguntaron si había alguien herido. Hasta ése momento todos recordamos al niño sangrante. Entre varios lo cargaron y lo sacaron de ahí.  
Salimos del salón y unos comenzaron a llorar, otros compartían puntos de vista. Yo fui a ver si mi bolsa estaba por ahí o se la habían llevado los rateros, --gracias a quién sabe qué dios, la encontré, no se la llevaron--. Solo me quitaron el celular que yo les di. Después de tal situación lo único que quería era irme a mi casa. Estaba muy malviajada, era la cuarta vez que me asaltaban en un periodo de tres años.

Después de que los policías realizaran sus investigaciones todos los afectados tenían un bolillo gigante en mano. El dueño tuvo "la amabilidad" de darnos panes para que no nos diera diabetes, según él. Esa fue su forma de resolver el asunto...
Yo al día de hoy considero que mi seguridad dentro de sus instalaciones era su responsabilidad y que él es culpable por todo lo sucedido. Por no invertir en un sistema de protección antiasaltos. 

El niño descalabrado se fue en una ambulancia. Sé que sobrevivió. Aunque su revista de videojuegos se quedó tirada en el piso llena de sangre. Yo no les acepté el bolillo y estoy exigiendo el reembolso de mi inscripción. Duré sólo un mes en sus clases. Sus maestros son malísimos, más de cuatro tienen un inglés lamentable y los "horarios flexibles" que ofrecen no existen. Mi nivel, el cuarto, siempre estuvo disponible a las 4:30 de la tarde. Un horario imposible de acomodar si trabajas. Creo que por obligación moral deberían devolverme mi dinero. No les estoy cobrando lo que me robaron ni el trauma que sufrí, que ya es bastante.

Además, sé y me consta que la computadora de la contadora se la llevaron los asaltantes y quién sabe qué cantidad de información de todos los alumnos había ahí dentro. ¿Quién garantiza la privacidad de mi información? 

Al llegar a casa conté mi historia en un estatus de Facebook. Sin afán de chisme, solo de manera informativa y para que mis más cercanos supieran que estaba sin celular. Como respuesta recibí más de 60 mensajes privados de amigos y conocidos que me trataban de confortar ante la terrible situación. Pero sus mensajes en vez de resultar un consuelo se convirtieron en un historial de robos en la ciudad de México que terminó por robarme la poca paz que me quedaba. Todos y cada uno de ellos me narraron anécdotas de delincuencia terribles: robos a casas, cuchillos en el metro Chapultepec, asaltos en plena conferencia de prensa en Soma, secuestros expres, extorciones telefónicas, robos de autopartes, intentos de abusos sexuales por parte de las autoridades, robos masivos de celulares en conciertos, coches nuevos que son robados saliendo de la agencia, etc, etc etc.

Según el periódico El Universal la delegación Cuauhtémoc concentra la mayor tasa delictiva del DF. Osea que vivir en "la Condechi" ya no te salva de nada, por lo contrario. 

Así las cosas de terribles en la ciudad. Ahora el dilema es irse o quedarse…

Texto para Vice México ----> aquí el link y el texto original http://www.vice.com/es_mx/read/me-asaltaron-en-plena-clase-de-ingles


6 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola Yannina,
Que lástima que tanta gente siga siendo víctima de atracos y violencia, quiero saber si ya vas a otra escuela de inglés?? Requiero nuevas sugerencias por que estuve a punto de ir a preguntar por esa escuela pero sino se hacen responsables ni de la seguridad pues no me interesa ir ahí.Espero que todo marche bien y que tengas un gran día!!

Adrian Lopez dijo...

Si de algo te conforta, son muy buenas tus narraciones en español. Me resulta interesante , ademas de que conozco la escuela pues estuve mal gastando el tiempo por allá casi un año...pero pues era pa lo que me alcanzaba. Buena tu historia y que mal que no sea ficcion . La semana pasada ví que ya ni estan los letreros de la entrada, al parecer valio gorro el bussines ó se mudaron pero bueno... de cualquier forma me las ingenié para aprender.

Unknown dijo...

Tu relato me pereció como un fragmento de un libro de suspenso, interesante y la verdad me saco una que otra sonrisa! Excelente narrativa, hasta se me olvido que fue real, en fin... Mejor escribe un libro de esto jeje! Saludos

Marco Rivera dijo...

Llegué a este blog de casualidad buscando "Inclub" en Google. Qué buena manera de contar la situación, por un momento llegué a sentir que estaba en esa situación, muy agradable la lectura a pesar de la lamentable situación. Saludos.

vexomar dijo...

Hola yo si te.creo pensaba ir a ver la escuela ya que vi un cartelon en meletro y.me intereso bastante .pero con lo que comentan y comentas . Es solo ir a perder mi tiempo gracias por el relato que te paso.mm

Mau RC dijo...

Gracias, por contarnos esta historia, lamento lo del robo. También lo he sufrido en los últimos años. En Izatapalapa y Azcapotzalco. Me acaban de dar la publicidad de esta escuela y ya la estaba tomando en cuenta como una opción. Mejor le invierto en otra escuela.